EDITORIAL

Evocación histórica para un presente desnortado.

En esta sociedad atenazada por una gestión nefasta de la pandemia, emergen dos problemas fundamentales para España: el separatismo insolidario y una grave situación social que está llevando a alcanzar los seis millones de parados.


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Partidocracia frente a democracia de 'contenido'; una 'España oficial' de espaldas a la 'España real'.
Evocación histórica para un presente desnortado.

Evocación histórica para un presente desnortado.


El 13 de febrero de 1934 José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos estampaban sus firmas en el documento de fusión de Falange Española y las JONS; la proclamación pública de este integración sería el 4 de marzo, en el teatro Calderón de Valladolid. La unión de ambos movimientos tendría una importancia trascendental, porque representaría, sobre todo en F.E., una radicalización hacia lo social y provocaría, en consecuencia, el apartamiento de personas del mundo de la derecha, solo atraídos por el apellido de José Antonio; también, el nuevo movimiento unificado iría desprendiéndose de ciertos mimetismos fascistas de la época, llegando a posiciones originales y profundas, tanto en lo nacional como en lo social.

Hasta aquí la referencia histórica, que no conviene olvidar pero sin detenerse en ella a modo de un obstáculo que nos impida atender a un presente de circunstancia tan diferente; no obstante, siguen, en un marco distinto, temas enquistados, que nos llevan a reafirmarnos en lo esencial de los planteamientos de la historia.

He aquí que, en esta sociedad atenazada por una gestión nefasta de la pandemia, emergen dos problemas fundamentales para España: el separatismo insolidario y una grave situación social que está llevando a alcanzar los seis millones de parados. Ante esto, se mantienen unas posturas que olvidan lo uno o lo otro, en un cerril encasillamiento en sus intereses.

Ante la grave crisis social y económica, la izquierda gobernante adopta la táctica del avestruz y solo se preocupa de impulsar una legislación sectaria de carácter ideológico: eutanasia, manipulación de la Educación, demagogia de inclusión, multiculturalismo buenista… El trabajador en paro o en ERTE, las PyMEs, los restauradores y los transportistas, el personal sanitario… se encuentran ante las barreras de una mala gestión y de una burocracia demencial.

Ante la crisis de la unidad nacional, a la oposición solo se le ocurre invocar a la derecha constitucionalista o, en el caso de las últimas elecciones catalanas, a la derecha no independentista, como si la unidad de España fuera un marco de la derecha y no una apremiante tarea de todos los españoles, sean cuales sean sus preferencias de voto.

Ceguera e inutilidad: partidocracia frente a democracia de contenido; una España oficial de espaldas a la España real, y no digamos de la Espala metafísica que debe inspirar a la anterior.

No es ocioso, por lo tanto, que nos reafirmemos en nuestras posturas joseantonianas, que integran, en síntesis indisoluble, los dos vectores de lo nacional y lo social, como quedaba fijado en el documento de aquel 13 de febrero tan lejano. Esto implica la necesidad de una profunda transformación radical de la sociedad española y de las mentalidades apegadas a los partidismos estériles, Quién nos dice que, de proponerla con éxito, no inspiraría, a su vez, una transformación igual de radical en toda Europa, en la que se consideraran inseparables los conceptos de unidad sin fisuras y justicia social profunda.

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