EDITORIAL

El apaño

Dijimos hace pocos días en estas mismas páginas que la derecha necesitaba del separatismo para justificarse, y no nos retractamos; añadimos ahora que la izquierda también es deudora de quienes se niegan a ser españoles.

El apaño


No hace falta que expliquemos con pelos y señales la noticia que ya saben hace días todos los españoles: el apoyo de Bildu –los herederos de ETA– al gobierno Sánchez-Iglesias (o Iglesias-Sánchez, que tanto monta…).

Los barones del PSOE han puesto el grito en el cielo, con el otrora poli-malo, Alfonso Guerra, y mano derecha del poli-bueno, Felipe González, a la cabeza. Nosotros sabemos que ese partido ya perdió hace años la “O”  de obrero en el camino; ha dejado la “E”  de español en la cuneta; tampoco conserva para nada la “S” de socialista, la que arrojó por la borda el marxismo-leninismo allá en Surennes, ya que ahora lo ha recuperado del bracete de Podemos. Solo le queda la “P” de partido, que mejor sería sustituida por la “S” de secta en que realmente se ha convertido.

El apaño o concubinato con los separatistas de Cataluña y con sus congéneres del País Vasco está derivando en claro Matrimonio Civil, aunque no pueden descartarse las bendiciones de ese sector del clero que sigue apoyando desde el púlpito y la sacristía (el altar es otra cosa) todo aquello que sea antiespañol.

La derecha les ha dejado, entre aspavientos, las manos libres, máxime desde la moción de censura al gobierno en la que Casado ocupó un centro inexistente y la señora. Arrimadas siguió echando paletadas de tierra sobre la tumba de Ciudadanos.

Muchísimos españoles no dan crédito a sus ojos ni a sus oídos. Nosotros, no, porque sabemos un poco de historia y hemos aprendido que el PSOE de otras épocas tampoco le hizo ascos a apañarse con el separatismo, como demostró en 1934 y en 1936, aunque, a juzgar por esas memorias de sus líderes, las que suelen escribirse como justificación a toro muerto, abominasen de esa connivencia.

Dijimos hace pocos días en estas mismas páginas que la derecha necesitaba del separatismo para justificarse, y no nos retractamos; añadimos ahora que la izquierda también es deudora de quienes se niegan a ser españoles, acaso con más comodidad que aquella, según lo prueba la historia y la actualidad. Poco importa que se trate de un separatismo de guante blanco o con las manos teñidas de sangre.

Nos reafirmamos en la mayor: dentro del Sistema y –posiblemente– dentro de este Régimen. Es imposible encontrar solución al problema de España. Cuando nos pidan sus votos, tanto derechas como izquierdas, se les puede responder con aquella coplilla: Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio

Pongamos la mirada en otros futuribles.

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