EDITORIAL | ACTUALIDAD POLÍTICA

El desencanto de los ingenuos.

Los joseantonianos del siglo XXI no somos tan ingenuos como para confiar en la derecha para resolver los problemas de España; y, mucho menos, para hacer frente al problema de España, enquistado ahora por culpa del Sistema en el que estamos inmersos.

El desencanto de los ingenuos.

El desencanto de los ingenuos.


Muchísimos anhelantes de la gran derecha, presunto resultado de una estrecha alianza entre los tres partidos que se supone situados en este espacio político, se han llevado las manos a la cabeza tras las feroces invectivas de Casado contra Vox con ocasión de la moción de censura presentada por esta formación contra el gobierno de la otra alianza: la de sanchistas –nos resistimos a llamarlos socialistas–, comunistas a la violeta y separatistas.

Las encuestas posteriores barren para casa, como siempre; para los medios afines del PP, ha sido un éxito, por supuesto, pero nosotros no estamos tan seguros.

La derecha sociológica siempre ha sido ciega en sus anhelos y previsiones, a fuer de ingenua; históricamente, se ha demostrado que el miedo no guarda la viña, pero las personas de orden siguen creyendo que basta y sobra, y que el Apóstol Santiago, como en la legendaria ocasión de Clavijo, bajará para echar una mano, convenientemente armado de una espada celestial.

Y, claro, ese Santiago se ha reencarnado, sucesivamente en José M.ª Gil Robles –para hablar de la prehistoria–, Adolfo Suárez, Aznar, Rajoy o Casado, el arrogante líder del momento.

El menos sorprendido habrá sido, sin duda, Abascal, que ya sabía de antemano qué se podía esperar de un PP que siempre, a última hora, se ha mostrado fiel seguidor de las doctrinas del Sistema; y, en este caso, tanto si se ha limitado a seguir una constante de su partido, como si ha recibido órdenes explícitas de estructuras superiores.

No ha tenido en cuenta –otra vez– la fuga de votos que le va a representar su decisión y su gallarda arenga en el Parlamento; no casualmente, ya en Cataluña y en el País Vasco (donde más fuerza y virulencia tiene el separatismo confeso, ahora aliado de Sánchez) los populares son un partido residual.

Por otra parte, Ciudadanos prosigue en su diletante camino de distanciarse, pero no: ahora apoyamos el Gobierno, ahora enseñamos los dientes (los pocos que les quedan), ahora acepto el pacto con el PP… y con Vox, ahora me enfado y no respiro.

No vale la pena detenerse mucho más en lo que fue, para muchos catalanes no separatistas, aquella gran esperanza blanca, que dejó frustradas las expectativas puestas en esta formación, que aseguraba –textualmente nos lo dijo un dirigente de Csquerer transformar España para hacerla más unida.

Ni en los juegos parlamentarios actuales ni en el recorrido de los partidos del Sistema podemos esperar nada los españoles. Son varias cabezas bajo un mismo sombrero, no solo de un Régimen político –lo que es previsible y lógico– sino de ese Sistema, que decide cuándo hay que votar o abstenerse ante propuestas arriesgadas como la del señor Abascal.

Habrá que buscar fuera las alternativas. Y que los malpensados no supongan nada ilegal por nuestra parte: nos estamos refiriendo a la educación de nuevas generaciones, que sean capaces de despertar de este mal sueño; nos estamos refiriendo al campo de las ideas –esas de las que carece el PP, por ejemplo– y de la cultura –de la que carecen casi todos los parlamentarios que nos representan–; nos estamos refiriendo a la constancia en extender nuestras razones.

Los joseantonianos del siglo XXI nos movemos, a Dios gracias, fuera de estos fuegos de artificio y de estos tejemanejes de la política al uso. Y, por supuesto, no somos tan ingenuos como para confiar en la derecha para resolver los problemas de España; y, mucho menos, para hacer frente al problema de España, enquistado ahora por culpa del Sistema en el que estamos inmersos.

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